Puentes rotos en silencio
Te alejaste de mí aun estando conmigo,
mientras con toda mi fuerza lo intentaba,
lo hacía para sostenerte, para levantarte,
ataba mi voz a la tuya para acompañarte.
Cada día inventaba razones para buscarte y vos
inocentemente, jugabas a esconderte y escaparte.
Fuiste deshaciendo uno por uno nuestros puentes
con la calma de un reloj que ya no quiere andar,
esos que durante tantos años construimos juntos,
hoy se desploman en virutas sobre un silencio letal.
Como si la distancia en la compañía no doliera,
como una rutina lenta, macabra, para olvidar.
Aprendí a cargar culpas que no me pertenecían,
a desconfiar de mí y a silenciar mis emociones,
llegue a sentir lástima de mí mismo y de mis acciones.
Por desesperarme y frustrarme, por necesitarte tanto,
por pedirte ayuda, por estrechar con amor los brazos,
por suplicarte cada vez más, por querer evitar el caos,
sin saber que dentro tuyo, vos ya me habías soltado.
Vi crecer despacio este abismo entre nosotros,
de cerca vi florecer la grieta de la indiferencia.
Con besos secos y miradas que evitaban mis pupilas,
con promesas que al alba se volvían ceniza y mentira.
Con sueños que al primer roce del día lentamente morían
en el agotador interludio en que habitaba tu ausencia.
—Fue triste y, en muchos sentidos, innecesario—
Lo trágico no fue el apocalipsis, ni lo cruel el final.
sino dejarme varado, un poco perdido y otro tanto abandonado,
con la ilusión de que entre nosotros aún había una oportunidad.
Y aunque el dolor me bebía a sorbos, lento y paciente,
elegía anclarme a vos, con la esperanza viva y ciega,
de que valía la pena, cada día intentarlo una vez más.
